martes, 5 de abril de 2011

Bienvenido, navegante.

Ocioso señor y desocupada señora:

Cuánto mejor ahora os estaría a vos tomar vuestro libro o vuestro rosario, y a vos vuestra rueca o devanadera, que poneros a gastar el tiempo en leer estas impertinencias y ociosidades de otro holgazán tan ocioso como vos...

No me debéis nada, nada os pido; ni por amor vuestro busqué estos pasatiempos, ni por amor a mí quiero que os metáis en esos cuidados... No disculpéis mis faltas ni encomiéis mi trabajo, si alguno me costara, no somos tan amigos que por haceros enseñar las encías, hubiera de quemarme las pestañas...

Una cosa acostumbran hacer los modernos cronistas, que es pedir a los lectores críticos enmienden sus faltas; yo os aviso que no os metáis en enmendar nada, porque yo soy discretísimo en extremo y todo va muy cortesano y muy bien escrito. Y si decís que no, yo digo que sí; y entre dos testimonios encontrados, más fe se debe dar a un cronista real, como yo, que a un curioso impertinente, como vos, que se pone a censurar estas ociosidades y mentiras...

Si de eso gustáis, amigos míos, decid lo que quisiéreis, que yo digo que mentís, y que sois unos grandísimos bellacos ociosos: y siendo desmentidos, quedáis por sospechosos, y si os dais por afrentados, idme a esperar al prado de la Magdalena.

Vale et iterum Vale.                                     
                                                                               Tomé Pinheiro da Veiga
                                                                               Introito a la Fastiginia, 1605.

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